Al inicio de la revolución cinco clases de barreras impiden la adopción de un producto: la ignorancia, la inercia, la complejidad, la canalización y el precio.
Ignorancia. Reducir la ignorancia significa lograr que la gente tome conciencia de un producto o servicio nuevos. E1 mundo no llamará a tu puerta si ignora que has construido un producto más eficaz.
Inercia. En general se trata de la barrera más desafiante y frustrante. Surge cuando los consumidores saben que existe una solución más eficaz, pero no la adoptan. Resulta demoledor enterarte directamente de que a la mayor parte del mundo le da lo mismo que exista un producto más eficaz.
Complejidad. La barrera de la complejidad radica en la dificultad de instalar o utilizar el producto. Si la gente no consigue usarlo fácilmente caerás en el abismo por mucho que los usuarios más esforzados, dedicados y técnicamente preparados lo hayan aprobado. Por muy revolucionario que sea, tu producto fracasará si montarlo exige una jornada completa o un doctorado.
Canales de distribución. Tu producto fracasa si no hay dónde comprarlo. La resistencia de los canales de distribución a vender y a apoyar tu producto puede resultar letal. Esta situación exige revisar el viejo canal, lo que habitualmente resulta difícil por su marcada preferencia por el estado de cosas. En ocasiones resulta más sencillo crear un nuevo canal.
Precio. Se trata de la palabra que más atemoriza a los revolucionarios. Por un lado, debes obtener tanto dinero como sea posible de los cuales se apresuran a adoptar tu producto porque son los que obtienen el máximo valor. También necesitas dinero para mantener la agitación. Por otro lado, si el precio no tiene en cuenta a los que adoptan tu producto desde el primer momento, jamás te aproximas al abismo..., no hablemos ya de cruzarlo. Por ejemplo, una ratonera de 99 dólares no puede tener éxito.
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