Dos hombres sabios: Benjamín Braham y Philip Fisher
Adquirir valores únicamente cuando el mercado es bajo, conduce a algunas dificultades. Primero, tienta al inversor a desarrollar alguna clase de fórmula que indique en qué puntos el mercado es caro y en cuáles es barato. El inversor, explicó Graham, se convierte en un esclavo de la predicción de los giros del mercado, un proceso que dista mucho de ser seguro. En segundo lugar, cuando el mercado está valorado de forma imparcial, los inversores son incapaces de comprar acciones ordinarias, de forma rentable. Sin embargo, esperar a una corrección del mercado antes de comprar valores puede ser muy cansado y, al final, es útil.
Graham sugirió que las energías de un inversor estarían mucho mejor utilizadas en la identificación de valores infravalorados, sin tener en cuenta para nada el nivel de precio del mercado global. Para que esta estrategia funcione de manera sistemática, admitió Graham, los inversores necesitan un método o una técnica para identificar los valores infravalorados. El objetivo del analista es desarrollar la capacidad para recomendar valores que se están vendiendo por debajo de su valor calculado. La idea es adquirir valores infravalorados sin tener en cuenta los niveles del mercado era una idea nueva en los años treinta y cuarenta. El objetivo de Graham fue perfilar esta estrategia.
Graham redujo el concepto de la inversión segura a un lema que él llamaba “el margen de seguridad”. Este lema intentaba reunir todos los valores, acciones y bonos en un enfoque singular de cara a la inversión. Si, por ejemplo, un analista repasaba la historia de resultados de una empresa y descubría que, de promedio durante los últimos cinco años, la empresa había sido capaz de ganar anualmente cinco veces sus gastos fijos, las obligaciones de esa empresa, dijo Graham, poseían un margen de seguridad. Graham no esperaba que el inversor determinara de forma exacta los ingresos futuros de la empresa. En lugar de ello, imaginaba que si el margen entre los ingresos y las cargas fijas era los suficientemente grande, el inversor estaría protegido contra un declive inesperado de los ingresos de la empresa.
La convicción de Graham descansaba en ciertas asunciones. Primero, él opinaba que, con frecuencia, el mercado se equivocaba al fijar los precios de los valores. Casi siempre era por culpa de las emociones humanas de codicia y miedo. En el punto culminante de optimismo, la codicia lleva a los valores más allá de su valor intrínseco, creando un mercado sobrevalorado. En otros momentos, el miedo lleva a los precios por debajo de su valor intrínseco, creando un mercado infravalorado. La segunda asunción estaba basada en el fenómeno estadístico “regreso al promedio”, a pesar de que Graham no utilizaba este término. De una forma más elocuente citaba a Horacio, que dijo: “Muchos que están caídos serán restaurados y muchos que ahora son honrados caerán”. Dígase como se diga, Graham creía que un inversor podía beneficiarse de las fuerzas correctoras de un mercado ineficaz.
Según Fisher, comprar una empresa sin comprender el negocio a fondo, puede ser más arriesgado que el tener una diversificación limitada.
Si has llegado a una conclusión lógica basada en un juicio sólido, le aconsejó Graham a Buffet, no permitas ser disuadido sólo porque otros pueden no estar de acuerdo. “Uno no tiene razón ni está equivocado porque la gente no esté de acuerdo contigo”, escribió Graham. “Uno tiene razón porque sus datos y su razonamiento son correctos.”
Descartes escribió: “No es suficiente con tener una buena inteligencia, lo principal es aplicarla bien”. Es la aplicación lo que separa a Buffet de otros gestores de inversiones. Una gran cantidad de sus colegas son extremadamente inteligentes, disciplinados y dedicados. Buffet está por encima de ellos a causa de su formidable capacidad para poner en práctica sus estrategias.
El Sr. Mercado y los Lemmings
La Bolsa
A pesar de los programas de ordenadores y de las cajas negras, sigue siendo la gente la que hace a los mercados. Como las emociones son más fuertes que la razón, el miedo y la codicia mueven los precios por encima y por debajo del valor intrínseco de una empresa. El sentimiento de los inversores tiene un impacto más pronunciado sobre los precios de los valores que lo fundamental de una empresa. Cuando la gente es codiciosa o está asustada, dice Buffet, acostumbra a comprar o vender valores a precios estúpidos. Buffet se dio cuenta muy pronto que el valor a largo plazo de sus valores estaba determinado por el progreso económico del negocio y no por las cotizaciones diarias del mercado. Dijo que a la larga, los precios de las acciones ordinarias tienen una notable relación con el valor económico subyacente del negocio. A medida que el valor económico de un negocio aumenta con el tiempo, también lo hará el precio de las acciones del negocio.
El temperamento de un inversor
Ben Graham le enseñó a Buffet que la diferencia básica entre inversores y especuladores reside en sus actitudes hacia la determinación de los precios de los valores. El especulador, dijo Graham, intenta anticiparse y beneficiarse de los cambios de precio. Por el contrario, el inversor sólo busca adquirir empresas a precios razonables. Graham le dijo a Buffet que el inversor de éxito acostumbra a ser el individuo que ha conseguido un cierto temperamento. Graham pensaba que el peor enemigo de un inversor no era la bolsa sino el propio inversor. A pesar detener habilidades superiores en matemáticas, finanzas y contabilidad, los individuos que no podía dominar sus emociones estaban mal preparados para beneficiarse del proceso inversionista. Graham ayudó a sus estudiantes a reconocer la locura de las fluctuaciones de la bolsa, compartiendo una alegoría que tituló “El Sr. Mercado”. Buffet, en el informe anual de Berkshire de 1987, compartió la historia de Graham con sus accionistas.
Para comprender la irracionalidad de los precios de los valores, imagínese que ustedes y el Sr. Mercado cotiza un precio al que está dispuesto a comprar sus valores o bien a venderles los suyos. El negocio que ambos poseen es afortunado y posee unas características económicas estables, pero las cotizaciones del Sr. Mercado no lo son en absoluto. Porque verán ustedes, el Sr. Mercado es emocionalmente inestable. Algunos días, el Sr. Mercado está contento y sólo ve un futuro mejor. En estos días, él pide un precio muy alto por las acciones del negocio. En otras ocasiones, el Sr. Mercado está desanimado y , cómo sólo ve problemas en el futuro, ofrece un precio muy bajo por sus acciones del negocio.
El Sr. Mercado tiene otras características cautivadoras, dijo Graham. No le importa que le rechacen o le desairen. Si las cotizaciones del Sr. Mercado son ignoradas, volverá mañana de nuevo con una nueva cotización. Graham advirtió a sus estudiantes que lo que es útil es el billetero del Sr. Mercado, no su sabiduría. Si el Sr. Mercado se presenta de un humor absurdo pueden ustedes ignorarlo o aprovecharse de él, pero será desastroso si caen ustedes bajo su influencia.
Buffet recordó a sus accionistas que para tener éxito se necesita tener un buen criterio empresarial y la habilidad y la capacidad de protegerse uno mismo de los torbellinos emocionales que el Sr. Mercado ocasiona. Buffet confesó que, para aislarse de las tonterías del mercado, pensaba a manudo en la alegoría de Graham.
Hace mucho tiempo que “piensa que el único valor de los pronosticadores de valores es hacer que parezca que los adivinos lo hacen bien”.
En 1979, Buffet escribió un artículo titulado “Usted Paga un precio muy alto en Bolsa a Cambio de un Alegre Consenso”.
El verdadero valor del mercado
Buffet encuentra raro que acostumbren a desagradar a los inversores los mercados que irían mejor a sus intereses, y favorezcan aquellos mercados que les colocan constantemente en desventaja. De una manera inconsciente, a los inversores les desagrada poseer valores cuando los precios bajan y en cambio aprecian aquellos valores cuyos precios están siempre subiendo. Por supuesto, vender a preciosa más bajos y comprar a precios más altos no es rentable. (...)
Según Buffet, mientras se sientan ustedes bien con los negocios que poseen, deberían agradecer la aparición de los precios más bajos como un medio de aumentar de forma rentable sus participaciones.
Buffet reconoce que no es ni más rico ni más pobre como consecuencia de las fluctuaciones de precio a corto plazo del mercado, ya que sus valores en cartera son a largo plazo. Mientras la mayoría de individuos no pueden soportar la incomodidad asociada a la bajada de precios de los valores, Buffet no se amilana porque él cree que puede hacer un trabajo mejor del que hace el mercado a la hora de evaluar una empresa. Buffet piensa que si uno no puede hacerlo, no debe participar en el juego. Es como el póker, explica: si ha estado jugando durante un rato y no sabe quien es el primo, es que el primo es usted.
La gestión de cartera
(...) A través de esta experiencia, Buffet había aprendido que los buenos negocios permiten que el inversor tome una decisión fácil, pero los negocios duros exigen decisiones difíciles. Si la decisión de comprar un negocio no es fácil, él no sigue adelante con la empresa. La disposición de Buffet a decir “no” tiene su origen en su experiencia directa con Ben Grahama. Buffet recuerda lo difícil que fue recomendarle valores a Graham, sólo para ser rechazado la mayoría de las veces. Graham lo recuerda, nunca estaba dispuesto a adquirir unos valores a menos que todos los hechos estuvieran a su favor. Esta capacidad para decir “no” es una ventaja tremenda para un inversor.
Según buffet, los inversores sienten la necesidad de comprar demasiados valores, en lugar de esperar que llegue esa empresa excepcional. Toquetear una cartera cada día no es aconsejable, dice. En su opinión, es más fácil comprar y quedarse con negocios sobresalientes que ir cambiando constantemente de negocios “que están muy lejos de ser buenos”. Buffet no cree tener el talento para comprar y vender, con frecuencia, negocios mediocres que dependen más de los precios futuros del mercado que del progreso de la base económica de la empresa. Está contento de no comprar o vender ni una sola acción de sus mayores participaciones durante todo el año. “El letargo que raya en la holgazanería”, dice, “sigue siendo la piedra angular de nuestro estilo inversor”.
Según opina Buffet, los inversores están mejor servidos si se concentran en localizar unas cuantas inversiones espectaculares en lugar de ir saltando de una idea mediocre a otra. Él cree que su éxito puede atribuirse a unas cuantas inversiones. Si durante su carrera se eliminaran una docena de las mejores decisiones de Buffet, su actuación inversora no sería mejor que la de la media. Según dice: “ Un inversor debería comportarse como si tuviera una tarjeta de decisiones que ha de durarle toda su vida y que sólo tiene veinte casillas. Con cada decisión de inversión, le cancelan una de estas casillas y por lo tanto ya le queda una menos para lo que le queda de vida. Si los inversores pensaran así, Buffet cree que esperarían pacientemente hasta que se presentara una gran oportunidad de inversión.
La compra de una empresa
“Cuando se invierte” dice, “nos vemos a nosotros mismos como analistas de negocios y no como analistas de mercado, no como analistas macroeconómicos ni siquiera como analistas de inversiones”. Esto significa que cuando evalúa una adquisición potencial o la compra de valores, Buffet trabaja primero y por encima de todo desde la perspectiva de un hombre de negocios. Contempla el negocio de una maneras global, examinando todos los aspectos cuantitativos y cualitativos de su dirección, su posición financiera y su precio de compra.
Comprar a precios atractivos
Centrarse en negocios que sean comprensibles, con economías resistentes, conducidos por directivos orientados hacia los accionistas, no garantiza el éxito, nos hace notar Buffet. Primero, ha de comprar a unos precios razonables y luego la empresa ha de comportarse de acuerdo con sus expectativas de negocio. Si cometemos errores, confiesa Buffet, es o bien a causa de precio que pagamos, de los directivos a los que nos unimos, o de la economía futura de la empresa. Lo cálculos erróneos en el tercer caso, manifiesta, son los más frecuentes.
La intención de Buffet no sólo es identificar negocios que obtengan rendimientos por encima de la media, sino adquirir estos negocios a precios muy por debajo de su valor indicado. Graham le enseñó a Buffet la importancia de comprar un valor sólo cuando la diferencia entre su precio y su valor represente un margen de seguridad.
El principio del margen de seguridad ayuda a Buffet de dos maneras. Primero, le protege del riesgo de una caída de precio. Si Buffet calcula que el valor de un negocio es sólo ligeramente mayor que su precio por acción, no comprará valores; piensa que el valor intrínseco de la empresa bajará aunque sea solo ligeramente, a causa de una mala valoración del flujo de caja futuro de la empresa; el precio de las acciones también bajará y puede que por debajo de lo que él hubiera pagado. Pero si el margen entre el precio de compra y el valor intrínseco de la empresa es lo suficientemente grande, el riesgo de reducción del valor intrínseco es menor. Si Buffet adquiere una empresa con un 25% de descuento de su valor intrínseco y luego el valor baja un 10%, su precio de compra original seguirá produciendo un rendimiento adecuado.
El margen de seguridad también proporciona oportunidades de rendimiento extraordinario en las acciones. Si Buffet identifica correctamente que una empresa posee unos rendimientos económicos por encima de la media, el valor de las acciones, a largo plazo, irá subiendo de forma continua a medida que el precio de la acción imite los rendimientos del negocio. Si una empresa obtiene de forma continuada un 15% sobre el capital, la revalorización de sus acciones aumentará cada año más que el precio de la acción de una empresa que recibe un 10% sobre el capital. Además, si Buffet, al utilizar el margen de seguridad, es capaz de adquirir este negocio sobresaliente con un descuento significativo sobre su valor intrínseco, Berkshire obtendrá una prima extra cuando el mercado corrija el precio del negocio. “El mercado, como el Señor, ayuda a los que se ayudan a sí mismos”, dice Buffet, “pero a diferencia del Señor, el mercado no perdona a aquellos que no saben lo que hacen”.
Una persona que tiene acciones puede elegir entre convertirse en el propietario de un negocio o el portador de títulos negociables. Los poseedores de acciones que se ven únicamente como propietarios de un pedazo de papel, se encuentran muy alejados de los estados financieros de la empresa. Estos propietarios se comportan como si el siempre cambiante precio del mercado fuera el reflejo más fiel del valor de sus títulos que no lo son el balance y la cuenta de pérdidas y ganancias. Compran y venden los títulos como si jugaran a cartas. Para Buffet, las actividades del poseedor de acciones y de un hombre de negocios se encuentran íntimamente conectadas. Ambos deben considerar la participación de un negocio de la misma forma. “Soy un inversor mejor porque soy un hombre de negocios”, confiesa Buffet, “y mejor hombre de negocios porque soy un inversor”.
A Buffet le preguntan con frecuencia que tipo de empresas comprará en el futuro. Ante todo dice que evitará los negocios de primera necesidad y a los directivos en los que tenga poca confianza. Lo que adquirirá será la clase de empresa que él entiende, una que posea economía y esté dirigida por directivos dignos de confianza. “Un buen negocio no siempre es una buena compra”, dice Buffet, “aunque es un buen lugar para buscar una”.
Inversiones permanentes
Buffet recuerda que Ben Graham le decía que “a corto plazo, el mercado es una máquina de votar pero, a largo plazo, es una máquina de pesar”.
A veces el mercado confirma rápidamente el juicio de Buffet de que una empresa es una buena inversión. Cuando esto sucede, él no se siente empujado a vender sólo por la revalorización a corto plazo. Considera que la máxima de Wall Street, “nunca te arruinarás consiguiendo un beneficio”, es un consejo estúpido. Fisher le enseñó que, o bien la inversión que tienes es una mejor inversión que el dinero, o bien no lo es. Buffet dice que “se siente absolutamente contento teniendo cualquier valor indefinidamente, siempre que el rendimiento esperado del capital subyacente sea satisfactorio, la dirección sea competente y honesta, y el mercado no sobrevalore el negocio. Si la bolsa sobrevalora de una manera importante un negocio, él vende. Además, Buffet venderá unas acciones bien valoradas o infravaloradas si necesita el dinero para comprar otra cosa; ya sea un negocio que aún está más infravalorado o uno de igual valor al que entiende mejor.
Un hombre poco razonable
Cuando Buffet invierte, él ve un negocio. La mayoría de inversores sólo ven el precio de una acción. Dedican demasiado tiempo y esfuerzo a contemplar, predecir y anticipar cambios en los precios y demasiado poco tiempo a entender los negocios que poseen en parte. Por elemental que pueda ser, es la raíz lo que distingue a Buffet. Su experiencia directa y de primera mano en la propiedad y gestión de una amplia variedad de negocios, mientras simultáneamente ha estado invirtiendo en acciones ordinarias, separa a Buffet de todos los demás inversores profesionales.
El problema sigue siendo que la mayoría de inversores utilizan los cambios a corto plazo para medir el éxito o fracaso de sus enfoques de inversión. Sin embargo, estos cambios de precio a corto plazo es frecuente que tengan muy poco que ver con el cambiante valor económico del negocio, y mucho que ver con anticiparse al comportamiento de otros inversores.
Además, a los inversores profesionales, sus clientes les exigen que informen sobre la actuación en períodos trimestrales. Es frecuente que los clientes se impacienten mientras esperan que el precio de su cartera se incremente a una tasa predeterminada. Si sus carteras no muestran ganancias en su actuación a corto plazo, los clientes se sienten insatisfechos y escépticos respecto a la capacidad del profesional de las inversiones. Sabiendo que han de mejorar la actuación a corto plazo o correr el riesgo de perder clientes, los inversores profesionales se obsesionan persiguiendo las cotizaciones.
Buffet opina que es absurdo usar los precios a corto plazo para juzgar el éxito de una empresa. Él, en cambio, deja que sus empresas le informen de su valor por medio de los progresos económicos. Una vez al año, comprueba distintas variables:
-el rendimiento sobre el capital inicial del accionista
-el cambio en los márgenes de explotación, niveles de deuda y necesidades de inversiones
-la capacidad de generar dinero de la empresa.
Si estos indicadores económicos están mejorando, sabe que el precio de las acciones, a largo plazo, lo reflejarán. Lo que suceda con el precio de las acciones a corto plazo no tiene trascendencia.
Paso 1: Desconecte de la bolsa
Recuerde que la bolsa es maníaco- depresiva. A veces está salvajemente excitada respecto a perspectivas futuras y en otras ocasiones está irrazonablemente deprimida. Por supuesto, este comportamiento crea oportunidades, especialmente cuando acciones de negocios sobresalientes están disponibles a unos precios irrazonablemente bajos. Pero al igual que usted no seguiría ningún consejo de un asesor que presentara tendencias maníaco- depresivas, tampoco debe permitir que el mercado le dicte sus acciones. La bolsa no es un preceptor; solo existe para ayudarle a usted en la mecánica de comprar o vender acciones. Si cree que la bolsa es más lista que usted, dele su dinero invirtiendo en fondos de inversión basados en índices. Pero si ha hecho sus deberes, comprende el negocio y tiene confianza en que sabe más sobre su negocio que la bolsa, desconecte del mercado.
La esencia de Warren Buffet
Cuando Buffet compra sus acciones, se centra en dos sencillas variables: el precio del negocio y su valor. El precio de un negocio puede encontrarse mirando su cotización. La determinación del valor exige algunos cálculos, pero no está más allá de la capacidad de aquellos que estén dispuestos a hacer algunos deberes.
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